ORGANIZAR Y VIVIR LOS ESPACIOS EXTERIORES EN
LAS ESCUELAS

Extracto del artículo de Carme Cols Clotet publicado en la revista Infància de l’Associació de Mestres Rosa Sensat, con el número 157, julio-agosto de 2007.

Un cambio fundamental de actitud

“Los espacios exteriores de la escuela son recursos educativos en potencia. Entre otros cosas son lugares privilegiados de contacto entre el centro educativo y el territorio, el social y el natural.”
Cuando se habla del uso más habitual de los espacios exteriores de una escuela aparecen expresiones muy arraigadas como "tomar el aire", “desfogarse”,” hacer una pausa (“el recreo”), “un descanso para los maestros”..., como si la vida en el patio solamente fuera eso. En coherencia con estas creencias los espacios exteriores de las escuelas parecen todos cortados por el mismo patrón. Pese a esta imagen generalizada, hoy hay muchos equipos de maestros y algunos ayuntamientos que quieren recuperar los espacios exteriores como un lugar más en el cual se debe planificar y prever lo que se quiere que pase, igual que se hace en los espacios interiores de la escuela.
Partimos de la convicción de que “Un gran espacio vacío provoca comportamientos de agitación, repetitivos, cansados. En cambio, un espacio articulado y variado invita a comportamientos inteligentes: exploraciones, descubrimientos, intenciones, encuentros, colaboraciones, iniciativas, proyectos, construcciones...”
El espacio exterior es una de las cartas de presentación de un centro, de su proyecto educativo real, el que se vive en la escuela. (...). Los espacios y los recursos que se ofrecen, son un espejo dónde se reflejan la filosofía, los valores, las concepciones sobre el enseñar y el aprender del centro.

¿Cuáles son la filosofía, los valores, los recursos que este espacio nos hace replantear?
Un recorrido visual antes de entrar en la escuela, una visión de conjunto de ésta, debería evidenciar un edificio integrado con el entorno en el que la vegetación crea estructuras que invitan a imaginar, explorar, inventar, jugar, encontrarse y actuar con libertad. Un lugar en el que sus confines delimitan, pero que a la vez dejan ver más allá de los mismos, favoreciendo un intercambio de miradas entre lo que pasa dentro y fuera de los espacios de la escuela. Un lugar que invita a quedarse, a sentarse en los bancos y otros asientos, quizás en torno a una mesa... que invita a la contemplación y el encuentro de niños y de adultos. Un lugar dónde los niños pueden actuar, libre y autónomamente, estimulados por las propuestas que el entorno les ofrece. Propuestas y distribución de los espacios que proporcionan la seguridad necesaria para actuar y compartir experiencias, sin necesidad de la intervención constante y directa de un adulto. Un lugar vivo, alegre, donde todas las horas del día se escucha el rumor del juego.

Nuevas construcciones o remodelaciones. Algunas consideraciones

Los espacios exteriores, como los interiores, requieren planificación y previsión para conseguir hacer de ellos lugares acogedores dónde se esté bien en verano y también en invierno, los días de sol y los días de lluvia. Se hace mucho énfasis en esta cuestión porque lo que pueden parecer detalles sin importancia determinan y acaban condicionando el uso cotidiano.
La orientación espacial, la plantación de árboles; la planificación de los lugares dónde situar jardineras, emparrados, mesas, y otros mobiliarios fijos adecuados, son requisitos a tener en cuenta cuando se quiere mejorar el espacio de qué la mayoría de escuelas disponen.
Contenedores medio enterrados o baúles de exterior, en diferentes puntos del jardín, con la capacidad suficiente para guardar cacharrería, cuerdas, pelotas, palas y cubos, moldes,... que facilitan la recogida y a la vez evitan el trabajo de trajinar los materiales de dentro a fuera diariamente. Son importantes para un buen mantenimiento del jardín, que se puede montar con los niños, abuelos, padres, vecinos, amigos.

Planificar los diferentes núcleos de vida.

“Conviene diseñar el espacio con zonas diferenciadas, delimitaciones, plantas, y equiparlo con mobiliario, materiales, estructuras para reordenar. Es útil tener muchos centros de interés atractivos de forma que el gran grupo de niños se divida espontáneamente en subgrupos auto-gestionados.”
(...)Los diferentes espacios de vida de la escuela deben ser el reflejo del planteamiento del proyecto educativo.
“La belleza, la atmósfera algo mágica de este espacio, se crea sobre todo con la presencia de plantas, jardineras, bancos, mesas, lugares para sentarse, que además de ser agradables, dan forma al espacio, delimitan, dividen, son puntos de referencia estables. (...)
La planificación del espacio debería prever zonas diferenciadas, delimitaciones con plantas, piedras, parterres de madera, losas o cemento, que inviten los niños a distribuirse por todas ellas según sus intereses y posibilidades. Zonas que invitan a hacer un cierto tipo de actividad y provocan que los niños organicen su juego en pequeño grupo. Arenales, caminos, dunas, desniveles, escondrijos, espacios para el cultivo,... fuentes dónde beber o lavarse las manos, espacios para experimentar con agua, para jugar con el barro, para gatear, para trepar, para escuchar, para hacer teatro,... Toboganes hechos con un desnivel. Los bancos situados en puntos estratégicos del jardín, favorecen que los niños, o bien los adultos, puedan sentarse y observar sin intromisiones lo que pasa a su alrededor.
Cuando el adulto permanece sentado tranquilamente, en un banco o cerca de una mesa, da confianza y seguridad a los niños que saben dónde encontrarlo, se les da alas para ser activos, para moverse, para alejarse y para acercarse a pedir ayuda si hace falta. Éste puede ser también un lugar en el que todo está pensado para evitar desplazamientos innecesarios, teniendo a mano algunos elementos para iniciar algunos juegos cómo puede ser una panera con espejos y pañuelos, o bien una papelera para tirar los pañuelos y papeles sucios... Una bandeja con una jarra con agua y vasos... Alguna silla o espacio para que los niños que quieran puedan sentarse a la misma altura que el adulto, para poder sacarse los zapatos cuando tienen arena... y para volver ponérselos. Un punto estratégico para tener cerca todo cuanto haga falta y a la vez tener una visión de conjunto clara de cada rincón dónde juegan los niños.
También va bien disponer de mesas y sillas que pueden ser utilizadas en diferentes ocasiones. Una mesa con sillas altas proporciona un espacio donde poder observar y hacer, cómodamente, breves anotaciones y descripciones que ayuden a hacer el seguimiento de la evolución del juego de los niños en este espacio.
En el exterior, bancos, asientos, mesas.... permitirán que las familias también puedan disfrutar de este espacio y lo utilicen, con la supervisión adecuada, dentro y fuera del horario escolar.
El planteamiento educativo de la escuela y del municipio debe hacer posible experiencias que creen lazos y cohesión social. A menudo estas primeras relaciones entre las diferentes familias y entre los niños son las que perduran, y casi nunca se olvidan.
Ésta es la filosofía que acompaña a estas propuestas. Será el jardín de los secretos de la escuela, un equipamiento vivo, activo y participado por todas las personas que conviven. El proyecto de un espacio nunca acabado.

Extracto del artículo de Carme Cols Clotet publicado en la revista Infància de l’Associació de Mestres Rosa Sensat, con el número 157, julio-agosto de 2007